Por la Mañana acudí a varias colonias para hacer entrega de bolsitas y juguetes para los niños; no bastaba con ir caminando calle por calle; era necesario tocar puertas y dar los buenos deseos a las familias, que lindo fué ver tantas caritas llenas de esperanzas e ilusiones que con alegría extendían sus manitas para recibir un regalo; no les importaba el tamaño, el color o la marca lo importante para ellos fue el detalle.A media tarde me fui a acompañar a mis amigas y compañeras de trabajo a la posada que organizaron para los niños y niñas especiales, aún recuerdo a la pequeña de 6 años quien participó en la tradicional pastorela (era la diablita); cuando vio al payaso corrió a él y pido ser cargada; los dos subieron a la tarima ella tomo el micrófono y entre balbuceos nos daba el mejor de sus deseos.
El tiempo pasó y el sol anunciaba su retiro y junto con las nubes nos mostraba la mejor postal, le dije a una amiga –¡mira al cielo que lindo es¡ ella respondió – ¡parece que Dios está contento; nos ha permito ver sus luz¡
Después de concluir con mi trabajo ya un poco cansada y con hambre, me fui al Mol a buscar lo que mi nene me había pedido como regalo de navidad; llegué a mi casa contenta pensando en esos momentos, en esas pequeñas acciones que impactan en la vida de los demás.
Son oportunidades que tenemos para ser feliz y hacer feliz a Alguien.
